101%.

Es el número que resume el plan con el que pienso dejar de trabajar para siempre.

Y no es una buena noticia.

Qué estoy haciendo exactamente

Llevo años ahorrando e invirtiendo. Voy a liquidar un activo grande.

Todo lo que salga va a fondos indexados. A partir de ahí vivo de retirar una cantidad fija cada mes, esperando que ese dinero aguante treinta años.

No hay más. No hay negocio secundario, ni renta mágica, ni un activo del que nadie te ha hablado. Ahorro largo, inversión, y consumirlo despacio.

La única duda es hacia dónde tiro. Tengo dos futuros posibles delante. No te voy a decir cuáles: ni yo lo he decidido. Mismo dinero, misma edad, dos vidas que no se parecen en nada.

La única regla que me puse

Una, y me la puse yo: no sacar más del 5% de la cartera al año.

La regla clásica en esto es aún más estricta. Yo ya me di manga ancha. La razón es aritmética, no filosófica: si retiras por encima de ese umbral, el dinero se consume más rápido de lo que crece. El plan no explota. Se muere solo, despacio, en un año cualquiera del que no te acordarás.

No es una regla sagrada ni un consejo de nadie. Es el límite por debajo del cual duermo.

Acuérdate del número. Porque ahora me lo voy a saltar yo mismo.

Uno de los caminos rompe la regla

Uno de mis dos futuros me obliga a sacar por encima de mi tope. Poco. Lo justo para saltármela.

Suena a nada. No lo es.

Y aquí viene la parte incómoda: lo sigo considerando. Sigo abriendo esa hoja muchos días, buscando la manera de que cuadre, con los gastos apretados hasta el hueso. Sabiendo que se salta la única norma que tengo.

Eso hacemos con nuestras reglas cuando la alternativa tampoco funciona. No las derogamos. Las miramos de reojo y seguimos.

El otro cumple la regla y aun así va al límite

El otro camino respeta el techo: retiro por debajo de mi tope, con margen.

Perfecto, ¿no?

No.

Porque la cartera sola no cubre el mes. Para vivir necesito juntar bastante más. Y con todo sumado, el plan se queda rozando el 101%. Al límite. Apurado hasta el último euro.

Por qué importa

Porque eso es en el mejor escenario posible. El escenario en el que no se rompe la nevera. En el que nadie se pone enfermo y el mercado se comporta como un reloj Casio.

En el mundo donde todo sale bien, el plan ya va justo.

Llevo veinte años de autónomo. Ese mundo no existe. Es una casilla de Excel, no es un martes cualquiera.

El número que preferiría no enseñar: 125%

Casi uno de cada cinco euros con los que cuento para comer no ha entrado nunca en mi cuenta.

Es dinero que espero generar. Hoy no existe. Es una intención, no una transferencia.

Si me fuera mañana, con solo el dinero que hay de verdad encima de la mesa, el plan salta del 101%…

…al 125%.

Ese es el número real a día de hoy. El 101% era el optimista.

Y por eso todavía no me he ido.

El colchón, y lo poco que dura

Tengo red. Un colchón en efectivo, ni invertido ni tocado. Si mañana se corta todo, aguanto unos pocos meses.

No me voy a tirar sin red. Tampoco me voy a engañar: es una red corta.

La fecha que me quita el sueño

Más de un cuarto de todo lo que ingreso es una renta temporal. Y tiene fecha de caducidad: 2031. No es una corazonada ni un mal presentimiento. Es una fecha en un papel.

Cuando llegue ese día, el agujero deja de ser simbólico y se vuelve serio. Y ese colchón se evapora en menos de dos años.

Tengo cinco años. La cuenta atrás ya corre. Y todavía no sé con qué lo tapo.

Por qué construí la calculadora

Nada de esto lo sabía hace seis meses. Lo supe porque me hice una herramienta. No para ilusionarme: para ver dónde se rompe.

Las calculadoras que hay por ahí devuelven números bonitos porque se saltan media realidad. No cuentan que la inflación te sube el gasto todos los años aunque la cartera no suba. No cuentan que cada retirada tributa. Y ninguna te deja meter un ingreso que se muere en una fecha concreta.

La mía sí. Le metes lo que tienes, lo que ingresas y lo que gastas. Simula los años que vienen. Y devuelve algo que ninguna otra da: el año exacto en el que te quedas sin dinero.

A mí me devolvió uno que no me gustó.

Dónde estoy ahora

Dos caminos. Uno se salta mi propia norma. El otro la cumple y aun así va al límite.

No he elegido. La decisión no está tomada.

La calculadora es gratis y está en lacrudalibertad.com/fire. Pasa tus números por ella.

A ver si a ti te sale mejor que a mí.