101%.
Es el porcentaje de mis ingresos que me gasto en el plan con el que pienso dejar de trabajar para siempre.
No el 99. No el 100. El 101.
Son dieciséis euros al mes en rojo. Y no, dieciséis euros no arruinan a nadie. El problema no es la cantidad. El problema es dónde está.
Qué estoy haciendo exactamente
Vendo mi casa.
Todo lo que saque va a fondos indexados. A partir de ahí vivo de retirar una cantidad fija cada mes, esperando que ese dinero aguante treinta años.
No hay más. No hay negocio secundario, ni renta mágica, ni un activo del que nadie te ha hablado. Es vender un inmueble, invertir el resultado y consumirlo despacio.
La única duda es dónde vivir mientras eso pasa.
Opción A: el campo, en España
Una casa pequeña. Tranquila. A quince minutos de todo. Sin mudanza intercontinental, sin trámites, sin aprender a vivir en otro sitio a los cuarenta tacos
Opción B: República Dominicana
De donde es mi esposa. Más barato vivir. Más caro llegar.
Mismo dinero. Misma edad. Dos vidas que no se parecen en nada.
Y seamos sinceros, el cambio de vida y de país puede ser duro, o una maravilla. Y aún no lo sé.
La única regla que me puse
Una, y me la puse yo: no sacar más del 5% de la cartera al año.
La razón es aritmética, no filosófica. Si retiras por encima de ese umbral, el dinero se consume más rápido de lo que crece (un 7% anual seguún mi números los últimos 5 años). El plan no explota: se muere solo, despacio, en un año cualquiera del que no te acordarás.
No es una regla sagrada ni un consejo de nadie. Es el límite por debajo del cual duermo.
Acuérdate del número. Porque ahora me lo voy a saltar yo mismo.
Plan A: España rompe la regla
Con la casa vendida y la obra de la casita en el campo pagada me quedan 265.575 €.
Para vivir en el campo necesito sacar 1.200 € al mes.
1.200 × 12 = 14.400 € al año. Sobre 265.575 €, eso es un 5,42%.
Mi techo era el 5%.
Me paso 42 centésimas. Suena a nada. No lo es: son novecientos euros al año más de los que me había prohibido sacar.
Y aquí viene la parte incómoda: lo sigo considerando.
Sigo abriendo esa hoja muchos dias, buscando la manera de que cuadre, tengo los gastos muy ajustados. Sabiendo que se salta la única norma que tengo.
Eso es lo que hacemos con nuestras reglas cuando la alternativa tampoco funciona. No las derogamos. Las miramos de reojo y seguimos.
Plan B: Dominicana cumple la regla y aun así sale en rojo
251.538 €. Un poco menos que en España, porque mudarse a otro continente se paga antes de pisar el suelo.
Allí retiro 1.000 € al mes. Eso es un 4,77% anual. Dentro del techo, con margen.
Perfecto, ¿no?
No.
Porque la cartera solo pone mil euros. El presupuesto necesita más:
- 1.000 € de los indexados
- 550 € de un trabajo temporal
- 120 € de un alquiler que existe
- 200 € de un segundo alquiler que todavía no tengo
- 200 € de extras (mínimo) que espero generar
Entra: 2.070 €.
Sale: 2.086,17 €.
Dieciséis euros con diecisiete céntimos. En rojo. Todos los meses.
El 101%.
Por qué dieciséis euros importan
Porque ese déficit aparece en el mejor escenario posible.
El escenario en el que no se rompe la nevera. En el que nadie se pone enfermo y el mercado se comporta como un reloj Casio.
En el mundo donde todo sale bien, ya voy perdiendo.
Llevo veinte años de autónomo. Ese mundo no existe. Es una casilla de Excel, no es un martes cualquiera.
El número que preferiría no enseñar: 125%
Vuelve a la lista de ingresos.
Los 200 € del segundo alquiler son de un piso que todavía no he alquilado.
Los 200 € de extras son ingresos que espero generar. Hoy no existen.
400 € de los 2.070 € con los que cuento para comer no son dinero. Son una intención.
Eso es el 19,3% del plan. Casi uno de cada cinco euros.
Si me fuera mañana, con lo que tengo hoy de verdad encima de la mesa:
- Entran: 1.670 €
- Salen: 2.086,17 €
125%.
Ese es el número real a día de hoy. El 101% era el optimista.
Y por eso todavía no me he ido.
El colchón, y lo poco que dura
Tengo red. 12.000 € en cuenta remunerada al 2.25% y algo de efectivo. Ni invertidos ni tocados.
12.000 entre 2.086 € de gasto mensual son 5,7 meses.
Cinco meses y medio de oxígeno si mañana se corta todo.
No me voy a tirar sin red. Tampoco me voy a engañar: cinco meses es una red corta para alguien que cruza un océano con su mujer y sus gatos.
La fecha que me quita el sueño
Volvamos a los 550 € que ingreso de una empresa que vendí. El 27% de todo lo que entra.
Se acaban en 2031. No es una corazonada ni un mal presentimiento. Es una fecha en un papel.
Cuando llegue ese día: entran 1.520 €, siguen saliendo 2.086 €.
El agujero pasa de 16 € a 566 € al mes.
Y ahí es donde el colchón deja de tranquilizarme.
12.000 € entre 566 € son 21 meses.
Veintiún meses. Ese es el tiempo exacto que tarda toda mi red de seguridad en evaporarse si en 2031 no he tapado el agujero.
Tengo cinco años. La cuenta atrás ya corre. Y todavía no sé con qué lo tapo.
Por qué construí la calculadora
Nada de esto lo sabía hace seis meses.
Lo supe porque me hice una herramienta. No para ilusionarme: para ver dónde se rompe.
Las calculadoras que hay por ahí devuelven números bonitos porque se saltan media realidad:
- No cuentan que la inflación te sube el gasto todos los años aunque la cartera no suba.
- No cuentan que cada retirada tributa y Hacienda se lleva lo suyo.
- Y ninguna te deja meter un ingreso que se muere en una fecha concreta.
La mía sí. Le metes lo que tienes, lo que ingresas y lo que gastas. Simula los 360 meses que vienen. Y devuelve algo que ninguna otra da: el año exacto en el que te quedas sin dinero.
No un "puedes retirarte". No un "sigue ahorrando". Una fecha.
A mí me devolvió una que no me gustó.
Dónde estoy ahora
Dos planes. Uno se salta mi propia norma. El otro la cumple y aun así gasta más de lo que ingresa.
No he elegido. La casa no está vendida. La fecha no está puesta.
La calculadora es gratis y está en lacrudalibertad.com/fire. Pasa tus números por ella.
A ver si a ti te sale mejor que a mí.